Saturday, May 25, 2013

LAS REFORMAS BORBÓNICAS

LAS REFORMAS BORBÓNICAS.
Por Alejandro Valdés Hernández.




Lo recuerdo como si hubiese sido ayer, para muchos era un día como cualquier otro, pero el virrey y yo sabíamos que era el principio del fin. Este 18 de julio de 1765 será un día que se recordará en la historia. Los tiempos han cambiado, lo sé, pero el cambio que se avecina nos afectará a todos y nuestro verdugo ha llegado con el nombre de  José Bernardo de Gálvez Gallardo. ¿Qué le hemos hecho al rey Carlos que nos ha traicionado con estas reformas, con las Reformas Borbónicas?...


El 18 de julio de 1765 arriba a Veracruz, José Bernardo de Gálvez Gallardo, enviado del rey Carlos III con el nombramiento de visitador general del reino de la Nueva España y con atribuciones superiores a la autoridad del virrey. Su objetivo era preciso, recuperar la hegemonía comercial y militar de España, y explotar y defender mejor los colosales recursos coloniales por medio de las Reformas Borbónicas, promulgadas por la corte imperial de Madrid.

Era necesario corregir las fugas fiscales y promover la producción para aumentar así la recaudación de impuestos. Pero la solución se encontraba en reformar instituciones; El Consulado de Comerciantes, algunas corporaciones religiosas como la Compañía de Jesús y la misma institución del virreinato fueron el blanco de los golpes de los reformadores.

El "libre comercio" se trataba de la liberalización del comercio y la ruptura del monopolio comercial establecido desde el siglo XVI por concesiones del rey a los comerciantes. Sus principales perjudicados fueron los comerciantes almaceneros del Consulado de México, que aunque siguió como la asociación más importante en la Colonia, ya no fue ni la única, ni la rectora de la política comercial ni la acaparadora de la riqueza colonial.

La ciudad de México dejó de ser el único centro del comercio ultramarino y surgieron otros dos consulados, el de Veracruz y el de Guadalajara. Con el libre comercio se favoreció a un nuevo tipo de comerciantes aumentando así el tráfico comercial y la recaudación fiscal de las alcabalas. Al mismo tiempo, la llegada de comerciantes extranjeros abrió la oportunidad para que los comerciantes locales pudieran operar por su propia cuenta y evitar que las ganancias generadas por el comercio fluyeran hacia la ciudad de México. Los capitales mercantiles acumulados podrían invertirse en la región para estimular el crecimiento de las actividades productivas.

El principal problema del monopolio comercial radicaba en que los poderosos mercaderes eran los que acaparaban las utilidades del comercio y con su riqueza lograban influir fuertemente en las decisiones de las autoridades del virreinato. Los principales cambios en el sistema de comercio fueron, como lo cita el texto: “la habilitación de nuevos puertos para el comercio ultramarino, lo mismo en España que en América; la sustitución de la flota anual por navíos sueltos que podían viajar sin someterse a un calendario; la ampliación de los permisos para comerciar con más productos, tanto de la metrópoli con las colonias como de las colonias entre sí, porque antes de estas reformas estaba restringido el comercio entre las colonias. Y la supresión de los alcaldes mayores porque estos funcionarios eran un eslabón muy importante en el control del comercio en el interior de la Nueva España.”

Otro grupo con excesivo poder económico y con gran influencia en la sociedad, fue el de los religiosos de la Compañía de Jesús. Este grupo era parte del problema que se buscaba solucionar con las Reformas Borbónicas, así que como solución se ordeno su expulsión y además la confiscación de sus bienes como forma de obtener ingresos. La expulsión de los misioneros fue súbita y violenta en las provincias de Sinaloa, Ostimuri y Sonora, lo que provocó efectos inmediatos en las comunidades indígenas. Los jesuitas daban coherencia y unidad al sistema de misiones que, con una administración centralizada, presentaba un solo frente a los colonos que buscaban su desaparición.

La salida de los misioneros desarticuló la organización de los pueblos indígenas y los redujo a comunidades aisladas y vulnerables al asedio de los colonos. Desapareció también la disciplina misional que normaba la vida interna de las comunidades y la falta de dirección provocó la pérdida de los bienes de comunidad. Con esta acción quedaba despejado el campo para que los ricos de la región recibieran más trabajadores indígenas y tuvieran acceso a la propiedad de la tierra y el agua.

Con el sistema de intendencias se pretendía un mayor control sobre el imperio. Dirigida por un intendente de alta jerarquía, con un sueldo equiparable al del virrey y revestido de amplios poderes en todos los ramos de la administración. El intendente era nombrado por el rey y a él debía responder de su gestión. El virrey en este sistema no era destituido pero sí quedaba en un segundo plano de importancia. Para evitar levantamientos por los grupos inconformes, el intendente contaba con una reciente fuerza: el ejército profesional, una fuerza represiva disciplinada y leal al rey. El ejército profesional fue objeto de los máximos privilegios concedidos por el rey, y era tanta su confianza en los altos cuadros del ejército que casi todos los intendentes fueron oficiales de alta graduación.

La creación de la Intendencia de Arizpe dotó a la región de un aparato burocrático que no tenía; una autoridad superior en la persona del intendente y un grupo de subdelegados nombrados por él y sólo dependientes de él, a través de los cuales podía ejercer su autoridad en todos los puntos de la intendencia; un aparato para la recaudación fiscal que extendió su campo de acción hasta el cobro de diezmos y tributos (y el intendente tenía injerencia en la administración de estos ingresos).

Por medio de esta burocracia, el intendente podía también ejercer funciones militares, judiciales y de fomento de la economía regional. Y es de notar que este aparato burocrático se articuló en la misma región, del intendente hacia abajo; ya no hubo alcaldes mayores cuya lealtad estaba comprometida con los comerciantes de México. A pesar de las fallas y confusiones, cosa explicable en un organismo nuevo y sin antecedentes en la región, este aparato sirvió bien al desarrollo de los intereses locales.

El gobierno de los intendentes de Arizpe favoreció al grupo regional privilegiado, como se puede observar en la política de privatización de la tenencia de la tierra, tanto de la baldía como la de las comunidades indígenas. El empeño por repartir las tierras comunales conducía a favorecer también a ese grupo, pues si bien la tierra se entregaba a indios y mestizos a la larga pasaría a manos de los ricos, ya por compraventa o por despojo. La política de incentivos a la minería también benefició a este grupo social, que aumentó la producción de plata en forma considerable.

La actitud de los intendentes fue muy favorable con los comerciantes debido a que necesitaban una base de sustentación regional si querían conservar su puesto y ejercer sus funciones. Poco a poco se debilito la fuerte relación de dependencia de esta región con la ciudad de México.

El grupo de los mestizos y mulatos fue el que creció más entre 1767 y 1821, pero no resultó beneficiado por las reformas borbónicas, sino que fue mejor controlado y objeto de las exacciones fiscales de una burocracia más amplia y eficiente.