Wednesday, May 22, 2013

Hablar en la escuela


Alejandro Valdés Hernández.
 “Hablar en la escuela: ¿para qué?... ¿cómo?”

En la lectura, María Elena Rodríguez, señala la problemática que existe dentro de nuestras aulas con respecto a la forma de enseñanza del lenguaje. De manera indirecta nos muestra una contradicción entre los objetivos y propósitos de enseñanza del lenguaje con la metodología que se usa dentro del salón de clases por la mayoría de maestros. En otras palabras se hace un contraste entre el deber ser y el ser; entre la teoría y la práctica.

Ahondando más en el texto, podemos ver que la autora se concentra más en la oralidad dentro de las aulas, buscando resolver las siguientes cuestiones: el por qué no se enseña a hablar en la escuela, el para qué enseñarla y el cómo.

La razón o justificación que se da a la poca atención de la escuela en cuanto al lenguaje oral es muy simple; este, a diferencia de la escritura, constituye un aprendizaje individualmente extraescolar. Por lo mismo, en su afán de dar un aprendizaje formal se concentra en el lenguaje escrito olvidándose de todo lo demás. Claro esta, que intervienen diversos factores, tanto internos como externos, los cuales la autora se da el derecho de omitirlos.

Vasta con decir, que el infante al momento de entrar a la escuela ya cuenta con conocimientos suficientes del uso del lenguaje oral en diversas situaciones comunicativas y su importancia. Entonces... ¿cuál es la labor que debe desempeñar la escuela al respecto, si los niños ya saben hablar? Las respuestas que se dan, son las siguientes:

*    En primer lugar, debe de permitirle al niño reflexionar sobre formatos de habla alternativos y de mayor prestigio social para poder desenvolverse en contextos más amplios y más formales. El hecho de que sepa hablar no quiere decir que lo puede hacer en todas las situaciones; ya que no todos los niños han tenido las mismas oportunidades.
*    Por lo anterior, la escuela cumplirá el papel de promotora de la reflexión del lenguaje como una forma de actuación social, para mostrar lo que es adecuado y lo que no lo es, según el contexto.
*    Debe de brindar el ambiente propicio para que los alumnos puedan adquirir y desarrollar los recursos y las estrategias necesarias para superar la desigualdad comunicativa.
*    Y por ultimo, debe de permitir la libre situación y la comunicación espontánea combinada con el trabajo sistemático de diferentes tipos de textos. De esta manera, permitirá que su repertorio lingüístico vaya en relación de distintas intencionalidades, diferentes expectativas, diversas situaciones, a través de la resolución de problemas de habla y escucha.
  
 He aquí, la necesidad de que la escuela no se deslinde de su participación en la enseñanza del lenguaje oral. Pero, ¿cómo debe de hacerlo? Actualmente, se han aportado conocimientos, investigaciones y análisis sobre la lengua, y las estrategias para su aprendizaje. Es así, como comprendemos la trascendencia de brindar a los estudiantes muchas oportunidades de hablar, a distintas audiencias y con diversos propósitos. Sin embargo, las técnicas y metodologías que se proponen no son imposiciones sino recomendaciones; las cuales pueden ser adaptadas, modificadas o rechazadas por el maestro. Al mismo tiempo, no buscan eliminar la iniciativa y creatividad del profesor; al contrario, este puede hacer sus propias actividades, apoyadas en tres pilares básicos:

*  La observación de los usos orales que tienen lugar en distintos entornos, inicialmente de la comunidad.
*  La producción e interpretación de una amplia variedad de textos orales.
*  La reflexión acerca de los variados recursos que ofrece la lengua para alcanzar distintas metas comunicativas.

Ahora bien, hablar es una actividad distinta a la de escribir, que aunque van ligadas por ser ambas formas de expresión, no pueden tomarse como iguales ni que una implica a la otra.

Es más, debemos de cambiar nuestra forma de pensar y abrir nuestra mente para tener una nueva concepción de lengua, como un conjunto de variedades que corresponden a distintos usos sociales. De esta forma, comprendiendo plenamente lo que significa hablar, nos permitirá hacer un cambio en la manera de ver las cosas y de enseñar; dejando a un lado la teoría tediosa, aburrida e ineficaz, y permitiendo la adquisición y el desarrollo de saberes prácticos que permitan la organización del pensamiento, el desarrollo de esquemas cognitivos, la transmisión de ideas, la producción e interpretación de ideas, etc.

Para esto planificaremos actividades en torno de la lengua oral considerando tres niveles del lenguaje: forma (estructuras y reglas), función y significado sociocultural (importancia). Con una actuación intencional y adaptada a los niños que se les aplique. Teniendo como escenario de trabajo el aula, y articulando componentes como: marco, participantes- su papel, propósitos, estructura de la interacción, normas, géneros; dando lugar a diferentes usos orales por parte de los docentes y de los alumnos.