Monday, May 20, 2013

El Futuro de los Pueblos Indígenas.



El Futuro de los Pueblos Indígenas.

Por Alejandro Valdés Hernández.

“¿Cuál es el futuro de los pueblos indígenas? Podría responder: ser un motor en la transformación de un proyecto de nación.”

Luis Villoro.

Luis Villoro elabora una excelente reflexión acerca de la necesidad de llevar a la práctica un proyecto de nación que vendría a transformar al actual, basándose en la situación de los pueblos indígenas. Convirtiendo al Estado homogéneo a un Estado plural, respetuoso de las diferencias; del gobierno centralizado a una democracia participativa, basada en la autonomía de todos los grupos sociales; de la asociación individualista a una verdadera comunidad sustentada en los valores.

Es realmente fascinante ver como sus ideas, pese a buscar una reforma radical en el modelo de nación presente en nuestros días, no vienen a desecharlo por completo y mucho menos a destruir nuestra forma de vida sino el de mejorar la de todos, ya que conjuga el modelo actual con algunos otros aspectos, originándose este nuevo proyecto basado en los pueblos indígenas.

Y por qué digo que basado en los pueblo indígenas. Bueno, el proyecto que nos explica el autor, consiste en la unidad de todos los habitantes, grupos y sociedades del territorio mexicano; una unidad que respeta las diferencias de cada uno, no que las elimina; en donde todos son iguales en derechos, pero distintos en formas de ser, en costumbres, en tradiciones; en fin, en una comunidad que piensa en el bien común, basada en valores, autónoma, participativa y equitativa, la cual respeta al individuo tal como es.

En un inicio, se elaboro esta propuesta pensando en la marginación que existe hacia los pueblos indígenas, los cuales están condenados a dejar sus estructuras y formas sociales, para adoptar otras que se imponen. En un intento de incluirlos a la nación, pero respetando su idiosincrasia, sus costumbres, su ideología, surge este proyecto de nación. Se habla entonces, del reconocimiento de la multiplicidad de pueblos y “culturas” que componen al país, implicando un nuevo diseño del Estado nacional, es decir, del Estado homogéneo a un Estado plural.

Un Estado plural que no elimina la unidad, sino que la finca en la cooperación y solidaridad entre colectividades autónomas que guardan sus diferencias. En el cual se establezca una democracia participativa que rebasaría la democracia representativa. Todo en conjunción de una renovación moral, con el valor del servicio sin buscar una recompensa como estandarte, es decir, la fraternidad, el trabajo solidario, el desprendimiento personal. No se trata de volver a formas premodernas de vida sino de lograr una síntesis para una nueva ética colectiva.