Tuesday, April 16, 2013

Juegos prehispánicos.


Juegos prehispánicos.

        Juego de Pelota (purépecha, tlachtli, etc.)
        Lucha Libre.
        El Patolli o Juego de los Frijoles.
        La caza.
        Los Pájaros Voladores.
        Entre otros.


Juego de pelota.

Jugar arrojando una pelota no es nada nuevo.

Era el principal de los juegos prehispánicos. La pelota estaba hecha de hule que sacaban de los árboles. Era sólida, pesada y rebotaba muy bien.

Poco se conoce de las reglas de este juego. Los equipos, formados por dos o tres jugadores, ganaban puntos al pasar éstos la pelota por un aro de piedra sin usar las manos, sino solamente codos, rodillas y caderas.

Se tenían que proteger con delantales de cuero y gruesos guantes.

Se sabe de accidentes que ocasionaron la muerte por un pelotazo.

La pelota representaba el sol o la luna. Los espectadores apostaban fortunas en oro, piedras de jade, plumas y cobijas.

Algunos dicen que el equipo que perdía era condenado a muerte.

Hay una escultura prehispánica que representa un luchador. Esto nos indica que también practicaban este deporte de lucha libre.



El Juego de Pelota Purépecha,

Uno de los más antiguos en el mundo. Practicado por los purépechas en la ribera del Lago de Pátzcuaro y la cañada de los once pueblos en el estado de Michoacán, el juego de pelota purépecha se lleva a cabo entre dos equipos de cinco jugadores. Impulsados con un bastón de madera, los participantes intentan hacer llegar la pelota a la meta contraria lanzándola por el aire, mientras los adversarios tratan de impedirlo.

En la competencia participan dos capitanes, quienes dirigen el juego, un juez o árbitro, quien inspecciona el número de jugadores y vigila los tiempos y tantos que determinan al equipo ganador.

El Pasiri-a-kuri o pelota purépecha se realiza en la modalidad de pelota de trapo, madera o piedra. En este encuentro la de trapo fue la elegida por ser la más popular entre los jugadores de Michoacán.

Es importante destacar que los implementos del juego son elaborados por los propios jugadores. En este caso, la pelota hecha con tiras de algodón y el bastón tallado con madera de tejocote o encino representan la relación que los pueblos tienen con la naturaleza, su gran destreza manual, además de su gusto por jugar.



El tlachtli

Los aztecas practicaban algunos juegos con gran violencia. Por ejemplo, el tlachtli o la pelota. Comenzaron viéndolo como un deporte y, luego, lo convirtieron en todo un ritual. Se sabe que lo empezaron a jugar los toltecas en el año 500 a.C., ya que se han encontrado las pruebas en unas excavaciones realizadas en La Venta.

El tlachtli se jugaba en un campo con forma de una "i" mayúscula, en cuyos lados se colocaban unas gradas de asientos escalonados para los espectadores. En el centro de una de las paredes se encontraba la «canasta», que era un círculo de piedra o de madera, que generalmente se colocaba en un sentido vertical, casi como en el baloncesto, donde la canasta se instala en un plano horizontal al suelo de la cancha. El objetivo era el mismo: conseguir que la pelota atravesara el orificio del círculo de piedra y, al mismo tiempo, impedir que el adversario lo lograra antes.

La pelota estaba hecha de varias capas de hule presionado, lo que le daba una gran dureza y consistencia. A los jugadores se les permitía golpearla con los pies, las caderas y los codos, pero nunca con las manos. Todos ellos iban bien protegidos como un especie de acolchonamientos, compuestos de petos, rodilleras, mandiles de cuero, mentoneras y medias máscaras que protegían las mejillas; y podían empujarse, golpearse y ponerse «zancadillas» mientras estuvieran jugando. Esta brutalidad convertía el juego en una diversión que apasionaba a los espectadores.

A pesar de ir tan protegidos, algunos jugadores recibían unos golpes en el vientre tan terribles que se desplomaban en el suelo entre espasmos de muerte. Una vez finalizaba la competición, casi todos los participantes debían ponerse en manos de los sacerdotes-médicos, con el fin de que les extrajeran la sangre acumulada en las caderas y en otras partes del cuerpo. Además, necesitaban ser curados de muchas heridas y de graves contusiones.

Por otra parte, dado que habían participado dos equipos bien entrenados, casi siempre representando a una tribu o a un clan poderoso, sus seguidores en ningún momento habían dejado de intervenir con sus gritos de ánimo, insultos y protestas. Sin embargo, en el momento que el juego se ritualizó, al llevarlo a los templos, se impusieron ciertas normas y, en casos excepcionales, los perdedores pasaban a ser víctimas de los sacrificios humanos. Algunos historiadores han llegado a escribir que esta misma «suerte» la corrieron los ganadores en momentos de grandes calamidades, cuando la ofrenda de corazones a los dioses debían ser lo más elevadas posible y de la mejor calidad, por eso se recurría a los grandes héroes.



El Juego de los Frijoles.

Los aztecas practicaban un juego más pacífico, ya que sólo intervenían dos o cuatro personas sentadas en unas esterillas. Era el patolli o una especie de «juego de la oca».

Se necesitaba un tablero o papel marcado en forma de cruz, que se había dividido en casillas, y unos frijoles. El objetivo era desplazarse por el tablero para, luego, volver al punto inicial, es decir, a la «casa». Los dados eran frijoles marcados con diferentes puntos. A medida que se iban tirando los dados, se avanzaba por las casillas, utilizando unas piedrecitas de colores, de acuerdo con el número de puntos que hubieran salido. El primero que llegaba a la «casa» era el ganador, luego suyas eran las apuestas que se habían establecido antes de iniciar el patolli.

Este juego también ofrecía un significado esotérico, debido a que el tablero estaba dividido en cincuenta y dos casillas, que coincidían con el mismo número de años que daban forma al ciclo solar utilizado por los adivinadores o sacerdotes-astrólogos encargados de interpretar el horóscopo azteca.

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La caza

La caza suponía un juego para los aztecas poderosos; sin embargo, en el caso de los más humildes se convertía en la necesidad de aumentar o variar sus alimentos o conseguir un producto para ofrecer en el mercado. En los grandes jardines de los palacios de México-Tenochtitlán y otras ciudades había abundancia de aves y venados, que en muchas ocasiones se convertían en el objetivo de los cazadores.



"Los Pájaros Voladores"

Otro de los juegos que apasionaban a los aztecas era el de «los pájaros voladores«.

Consistía en un alto y grueso poste, de unos quince metros de altura, provisto en su zona más alta de una plataforma circular, de la que pendían unas largas cuerdas que terminaban en unos lazos. Sobre esta plataforma se encontraba un músico, que marcaba el ritmo de todas las acciones.

Varios jóvenes vestidos como los dioses de las aves, todos los cuales ignoraban el vértigo, trepaban hasta la plataforma, se sujetaban un pie a uno de los lazos y se lanzaban al vacío. A medida que caían las cuerdas se iban desenrollando, con lo que provocaban el giro de la plataforma. Esto simulaba el vuelo invertido de los participantes, los cuales se iban aproximando al suelo, que nunca tocarían; mientras, estaban obligados a moverse para desplazar su centro de equilibrio y, a la vez, poder ajustar sus alas, con lo que ofrecían el aspecto de unos pájaros planeando para no caerse. Todo esto se acompañaba al son de la flauta y el tambor, que tocaba el ágil músico subido en la zona más alta del poste.

Esta sencilla aplicación del fenómeno físico del deslizamiento constituía un juego lleno de colorido y hermosura, como se puede ver en la actualidad en muchos lugares de México. El Poste Volador más antiguo se encontraba en Tenochtitlán, precisamente en el lugar donde hoy se alza el edificio de la Corte Suprema.